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lunes, 8 de mayo de 2017

Capítulo 19

Valen enfrenta dos tormentas al mismo tiempo: la pelea con su novio y el embarazo de su hermana menor. Pero aparece Luciano, su jefe, que le cambia el humor y despeja las nubes. 


A la mañana le mandé un whatsapp a Natalia para saber cómo habían recibido mis viejos la noticia de su embarazo, pero no tuve noticias suyas hasta varias horas después.
En el medio, muerta de ansiedad, llamé a mi mamá y, oh sorpresa, ¡me habló como si no hubiera pasado nada! Era obvio que Nati no le había contado sobre el bebé y yo tuve que morderme la lengua para no sacar el tema.

AUTÓMATA MODE ON
Juampi, después de la escena de gritos y llantos de la noche anterior, tampoco daba señales de vida. 
Estuve tan distraída toda la mañana que llegué bien al trabajo, aunque todavía no recuerdo en qué momento me bajé del colectivo y caminé hasta la agencia. 
Luciano, mi jefe, debe haber notado mi preocupación, y se acercó: “Ayer te noté nerviosa toda la tarde. Hoy tenés una cara lamentable”, me dijo. “Aaah, bueno. Gracias por el piropo”, le respondí. Él se rio y me apoyó su dedo índice en la frente: “Al menos todavía hay algo de sentido del humor en este planeta. Si necesitás hablar con alguien sobre lo que te pasa, podés contar con mi oreja. Y con el resto de mí, también”. Me guiñó un ojo y volvió a su escritorio.

ALL YOU NEED IS HISTERIQUEO
Me quedé sonriendo sola, frente al monitor de la compu, y ese gesto me permitió volver a mi eje. No había razones para angustiarme por la ausencia virtual de mi novio o porque mi hermana no les hubiera contado a mis viejos que estaba embarazada de un tipo casado. No soy una superwoman y tengo que dejar de hacerme un dramón por las decisiones ajenas.
De pronto no había ni rastros del dolor de cabeza que me había atormentado desde la noche. Las palabras de Luciano habían sido terapéuticas, pero no quise analizar por qué su histeriqueo me hacía bien.
Finalmente hablé con mi hermana y me confirmó lo que yo suponía: no les había contado a mis viejos nada sobre el embarazo porque quería hacerlo en un “mejor momento”. 
“Sos naba, eh. Mirá si se me escapaba por accidente cuando hoy hablé con mamá, pensando que ella ya sabía”, le recriminé. Nati respondió con una naturalidad sorprendente: “Si se lo hubieras dicho por accidente, yo no habría tenido más remedio que blanquearlo, pero prefiero esperar hasta que vea al médico que me recomendó Maripi. Tal vez todo el asunto del positivo del evatest sea una falsa alarma. No tiene sentido armar tanto bardo sin estar segura”, dijo ella. 

Natalia tenía razón: me aferré a esa pequeña posibilidad del “falso positivo” como si fuera la tabla de salvación de Rose, el personaje de Kate Winslet, en el naufragio del Titanic. 

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