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lunes, 8 de mayo de 2017

Capítulo 7


Enfrenta una mezcla de sentimientos: está feliz porque va a mudarse a un depto con Maripi, pero se pregunta qué pasa realmente con su jefe: ¿por qué le afecta que él coquetee con su amiga? ¿Son celos? Ups.


Durante el fin de semana, mi amiga Maripi se había mandado sola a reservar un departamento para las dos. Yo estaba en Rosario, con Juampi, cuando me enteré.
No conté hasta cien: ¡conté hasta dos millones quinientos mil! Cuando se me pasó la calentura, la llamé y quedamos en ir juntas a verlo el lunes, a la hora de mi almuerzo. “Te va a encantar”, insistía.
Diez minutos antes de la hora a la que habíamos quedado, apareció a buscarme por el laburo. La recepcionista la dejó llegar hasta mi escritorio, y Maripi recorrió los pasillos muy a su estilo, pura sonrisa y brazo en alto para saludar a todos, aunque no los conocía, cual reina de la primavera en su carroza.
Mientras guardaba mis cosas en la cartera, se nos acercó Luciano, mi jefe, atraído por mi amiga rubia, que era el centro de atención en la agencia. No me quedó más remedio que presentarlos: “Luciano-María Pía. María Pía-Luciano”. 
“Así que vos sos la famosa María Pía”, dijo él, mentiroso, porque yo nunca le había hablado de mi amiga. 
“Y vos sos el famoso Luciano”, respondió ella, jugando a la chica sexy. 
Intervine: “Tenemos que irnos”. 
Mi jefe preguntó si nos íbamos a almorzar. 
“¿Por qué preguntás? ¿Querés venir con nosotras?”, lanzó Maripi, zarpadísima, y no lo dejó responder: “En realidad nos esperan para ver un depto, porque vamos a vivir juntas”
“Si necesitan una mano con la mudanza, avisen”, se ofreció Luciano, y Maripi no se la dejó pasar: “¿Solo una mano? ¿Y el resto?”. 
Le descargué una mirada láser y casi la arrastro hasta la puerta. “Es mi jefe, Maripi. No podésss”, la reté. Me pidió perdón, muerta de risa, y salimos en el auto que le regalaron los padres.

MÁS QUE CUATRO PAREDES
El departamento que había elegido María Pía para nosotras dos era antiguo, de estilo francés y muy luminoso, pero los muebles de la cocina eran un asco, y me pregunté cómo habían podido conservarlos los inquilinos anteriores. Sin embargo, el resto estaba divino: parquet de roble y paredes recién pintadas de blanco, impecables. Un living chico y un baño que no era nada del otro mundo, es cierto, pero contaba con una gran ventaja: dos habitaciones casi idénticas. “Me quedo con este cuarto que tiene un placard más grande. ¡Canté pri!”, gritó Maripi. “Dale, total yo tengo menos ropa. Prefiero el otro, que está más cerca del baño”, le respondí. Mi amiga y yo somos muy distintas, pero nos complementamos. Con ella me río más que con nadie en el mundo. 
Al final, Maripi no había estado tan equivocada al reservar el departamento por su cuenta: si no lo hacía, la persona que lo hubiera visto después de ella nos lo habría quitado de las manos. Bien ubicado, a un precio razonable y disponible para una mudanza inmediata, era demasiado bueno para ser real.
Volví a la oficina muerta de hambre, porque me había salteado el almuerzo. Luciano me ofreció galletitas: “¿Así que te mudás con tu amiga? No sabía que habías cortado con tu novio”, me dijo, apoyando sus manos en mi escritorio y casi pegado a mi oído, para que mis compañeros no pudieran escucharlo. “No corté con Juan, solo me mudo con María Pía porque quiero dejar de vivir en la casa de mis viejos”, aclaré. “Ah, qué mal”, respondió él, como en un acto de honestidad brutal. Me dejó las galletitas en el escritorio y se fue a su oficina.
Un rato antes me había sentido celosa por el coqueteo de mi amiga y mi jefe. Ahora estaba nerviosa por lo que me pareció un lance de él hacia mí. No había duda: Luciano me estaba histeriqueando. 
Tuve que olvidarme del culebrón por el resto de la tarde porque debía escribir unas gacetillas de prensa sobre unas terapias ortomoleculares que me parecieron un cuento chino. Y además tenía que enviarlas a los medios cuanto antes. Mejor me concentraba en mis tareas si no quería meter la pata.

¡VAMOS LAS CHICAS!
A la noche nos encontramos Maripi, Juampi y yo a celebrar por el alquiler del departamento. Después de la segunda cerveza, mi amiga y mi novio, que nunca se llevaron bien, se reían juntos de chistes pavos, como íntimos amigos. ¡Bravo! Si Juan va a venir todo el tiempo a mi nuevo hogar, es mejor que no haya mal clima con mi compañera de depto. 
“Por las chicas más lindas del bar, que ahora van a vivir bajo el mismo techo”, brindó él. 

“Por nosotras, amiga”, agregó Maripi, mirándome a los ojos. Creo que ningún horóscopo podría haber pronosticado tantos cambios en mi vida y en tan poco tiempo. Ni yo puedo creerlo. ¡Pero me gusta lo que está pasando!

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