La entrevista no es lo que ella esperaba: soñaba con correr detrás de las noticias, pero el trabajo que le ofrecen es muy distinto. Y, encima, parece que va a tener que lidiar con un jefe seductor y una jefa dominatriz. ¿Valentina aceptará el desafío?
Luciano, el director de la agencia con quien tengo la entrevista de trabajo, camina detrás de mí por un pasillo largo y me indica que entre en una oficina vidriada, tipo pecera, que está a mi derecha. Desde afuera el edificio antiguo parecía pequeño, pero por dentro es supermoderno y amplio, y se parece a los de esas empresas que se ven en las series: mucha tecnología, pantallas enormes, computadoras de última generación, escritorios grandes como ballenas y sillas ergonómicas que, se nota, deben ser carísimas.
“Hola, soy Andy”, dice una mujer de unos 30 años. Pelo bien corto, calzas engomadas, buzo amplio con inscripción en francés (dice algo que suena zarpado, porque tiene la palabra “sexe”), anteojos de lectura de marco negro con mucha onda. Me siento una crota al lado de ella. “¿Querés un café?”, pregunta. Le digo que sí y ella tipea algo en su mini iPad. Al rato entra un chico como de mi edad y me trae el café. ¿Andy se lo pidió por WhatsApp o tienen una aplicación especial para comunicarse dentro de la agencia? Guau. El chico está incómodo, eso es obvio, porque me mira con un gesto que yo interpreto como “No soy mozo, pero tengo que hacer lo que me dicen”. Lo confirmo cuando Andy le lanza un “Graciasss”, con voz de gatita, y él le devuelve una mirada onda “Que sea la última vez”.
¿Y YO QUÉ HAGO ACÁ?
Bué, tal vez estoy dejando que mi mente vuele demasiado. En esta trama novelera que imagino, Andy es una jefa garca que acosa al chico del café. Él es un buen pibe del que se abusan un poco, y Luciano es el jefe langa del que todas en la oficina están enamoradas. ¿Y yo qué papel voy a jugar en esta historia? Andy parece leer mi mente, porque me explica justamente cuál va a ser mi rol: “Nosotros somos una agencia de prensa y nos ocupamos de difundir en los medios los productos de nuestros clientes. En principio, vas a estar en la redacción de gacetillas y en los llamados a los medios para que nos publiquen el material”.
Debo haber empalidecido, porque Luciano me pregunta si no entendí. “Te quedaste muda”, me dice. Reacciono y le respondo: “No, no pasa nada, es que en el aviso pedían una periodista con interés en el espectáculo”. “Correcto –se mete Andy–, porque como hacemos algunas campañas con celebrities, necesitamos a alguien que las conozca y las convoque para los eventos”.
“WELCOME TO THE JUNGLE”
Claramente, esto no es lo que esperaba, pero necesito el trabajo, así que acepto las condiciones que me indican. “Mañana te hacés los análisis preocupacionales y empezás cuanto antes”, se despide Andy, dándome la mano, fría y blanda como un pescado.
Luciano me recuerda el camino a la salida, y en el pasillo largo aprovecho para mirar el celular: tengo un mensaje de Juan Pablo, mi novio: “Valen, llamame y contame cómo te fue en la entrevista. Te amo”.
Antes de llegar a la puerta me cruzo al chico del café. “Welcome to the jungle”, se despide, con una sonrisa. Tal vez mi vida esté a punto de cambiar radicalmente.
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