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lunes, 8 de mayo de 2017

Capítulo 10

What? ¿Luciano está enamorado de Valen? ¡Paren todo! Suerte que cuando el mundo de ella se sacude, cuenta con una amiga que la apoya.


El sábado a la mañana nos despertamos cerca del mediodía. Se nota que Maripi y yo estábamos agotadas después de mudarnos a nuestra nueva casa. Juan, que se había quedado a dormir conmigo, se ofreció para ir a comprar medialunas para el desayuno, así que yo aproveché para hablar a solas con mi amiga.
“Fue un shock que viniera Luciano. Vos sabés que prefiero no mezclar mi laburo con mi vida privada”, le dije a Maripi, enojada porque había invitado a mi jefe a venir al depto la noche anterior. Ella aseguró que había sido él quien se ofreció a visitarnos, que no lo había invitado. Entonces, hizo un silencio, como si dudara entre contarme o no contarme algo, y finalmente habló: “Anoche, cuando Juan y vos se fueron a dormir, me quedé charlando un rato largo con Luciano. Él no lo dijo, pero por cómo habla de vos, es evidente que tu jefe está muerto de amor. No vino por mí. Vino por vos, Valen”.
Maripi se me quedó mirando después de decir eso, pero yo estaba muda y no podía articular ni una palabra. “Pensé que le gustabas vos”, dije como en un susurro. “Luciano miró todas las fotos tuyas y de tu familia que dejaste arriba de las cajas. Preguntó qué cosas eran mías y cuáles eran tuyas. Era obvio que las mías no eran las que le interesaban”, me contó. 

MOMENTO ¡CHAN!
El ruido de la llave en la cerradura nos sobresaltó. Juampi entró con las medialunas y se hizo el enojado porque ninguna de las dos había preparado café, té, mate o algo para desayunar. 
“Por favor, no hablemos ahora de este tema”, le rogué a Maripi mientras abría el paquete de las facturas y yo llenaba la tetera. Lo de Luciano no era algo sobre lo que quería charlar mientras mi novio estaba sentado en el living.
Resulta que yo no había estado equivocada. Las señales que había captado eran correctas: Luciano sí me histeriqueaba en la oficina. Igual, lo tenía clarísimo: el lunes iba a actuar como si no supiera nada. No porque Luciano no me gustara, ¡ay!, pero estaba bien con Juan y tampoco quería complicaciones en el laburo.
“¿Y? ¿Tu galán no se quedó a dormir?”, le tiró Juan a Maripi, refiriéndose a Luciano. “Nah, we are just friends”, le respondió ella, y cambió de tema en solidaridad conmigo.

TIPO NAAA
Juampi no se quedó a almorzar porque le había prometido a su mamá ayudarla con cosas de su casa. Mi suegra me conoce hace años porque Juan y yo somos novios desde la adolescencia, pero no logra superar los celos hacia mí. Parece de manual: si él me dedica atención porque me mudo, ella también lo necesita por temas domésticos. En fin… Lo despedí en la escalera con un largo beso y quedamos en reencontrarnos a la noche.
Una vez que estuvimos solas, Maripi propuso que fuéramos a recorrer el barrio. Me pareció un plan fantástico. 
“Tenemos que ver cuál es el mejor delivery de comida de la zona”, se reía. “Dale, hagamos un mapa de Recoleta by Maripi y Valen. Bares, cajeros automáticos, laverraps, ferreterías, carnicerías…”. Maripi me interrumpió: “Dijiste ‘ferreterías’. ¿Quién sos, Valen? ¿Súper Mario Bros?”, me preguntó. Nos reímos a carcajadas y salimos a explorar la cuadra. 

En la puerta de un Starbucks nos encontramos con Connie, amiga de la infancia de Maripi y tan concheta como ella. Hablaron un rato en idioma “papa-en-la-boca”. Me llegaban nombres propios sueltos, como si fuera un relato en clave: Punta, Maca, Northlands, Juani, St. Brendan’s, Félix, etcétera. Se pusieron al día con sus vidas en cinco minutos que me sirvieron para recordar que Maripi y yo venimos de mundos distintos. ¿Lo bueno? Ella es mi amiga, una buena mina, y nos queremos más allá de todo. Las diferencias no nos separan: nos enriquecen. 

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