Un paso adelante y dos atrás. Así es hoy la vida amorosa de Valen. De regreso en el trabajo, Luciano se le acerca y le mueve el piso. Maripi aparece para calmar su ansiedad y darle el consejo justo.
El domingo a la noche puse el despertador y programé la alarma del celular, para que nada fallara al día siguiente. El lunes iría por primera vez al trabajo desde mi nueva casa y no tenía idea de cuánto podía llevarme el viaje en una línea de colectivos que nunca había tomado. Preferí despertarme bien temprano y ser previsora.
Me levanté con la energía a full. Tomé el café y me devoré dos tostadas mientras iba de la cocina al baño y del baño a mi cuarto con los auriculares puestos para no despertar a Maripi con la playlist “Pilas Cosmo” de Spotify al mango. Antes de salir, me asomé a su cuarto para despedirme. Ella estaba recontradormida, toda despatarrada, y tenía el piso de la habitación cubierto de ropa y zapatos. ¡Nos habíamos mudado tres días antes y ya había desordenado todo! Increíble. Le dejé una notita: “Me voy a laburar. Cuando te despiertes, llamame”.
DANGER ZONE
Llegué a la agencia casi una hora antes de mi horario habitual. “¿Qué pasó, Valen? ¿Te caíste de la cama?”, me dijo la recepcionista. Me mató la obviedad de su saludo, pero le sonreí como si lo suyo fuera una genialidad. Estaba contenta de entrar temprano porque iba a poder adelantar el trabajo que tenía pendiente estando sola en la oficina… Pero resultó que mi jefe, Luciano, ya estaba en su escritorio. Lo saludé con la mano en alto, desde lejos, tipo Reina de la Vendimia, y me quedé pensando en las palabras de Maripi, mi amiga: “Es evidente que tu jefe está muerto de amor por vos”.
Encendí la compu, colgué la campera y guardé los auriculares en la mochila. El monitor de mi compu estaba lleno de post-its fucsias de Andy, mi otra jefa, que desde mi primer día en la agencia me tira mala onda. Los papelitos tenían indicaciones de llamados que debía hacer antes del mediodía. Mientras los despegaba de la pantalla, vi que Luciano caminaba hacia mí.
FRENTE A FRENTE
“¿Qué tal el nuevo depto? ¿Ya tienen todo ordenado?”, me preguntó. El viernes él había caído de sopetón en casa a la noche, cuando con Maripi todavía vaciábamos cajas en el medio del living. Según mi amiga, había venido solo para verme mí, a pesar de que sabía que también estaría Juampi, mi novio. Luciano había cruzado la barrera de mi vida personal al presentarse el mismo día de la mudanza y ahora estábamos en un terreno en el que él tenía más poder que yo: el del trabajo. La situación me incomodaba.
“¿Qué tal el nuevo depto? ¿Ya tienen todo ordenado?”, me preguntó. El viernes él había caído de sopetón en casa a la noche, cuando con Maripi todavía vaciábamos cajas en el medio del living. Según mi amiga, había venido solo para verme mí, a pesar de que sabía que también estaría Juampi, mi novio. Luciano había cruzado la barrera de mi vida personal al presentarse el mismo día de la mudanza y ahora estábamos en un terreno en el que él tenía más poder que yo: el del trabajo. La situación me incomodaba.
Me entretuve contándole cosas triviales, como lo de las prostitutas que vivían en el departamento antes que nosotras y que dejaron abandonados a sus clientes, y el enchastre que armó Maripi usando la sopapa, y nos divertimos con eso. Pero un rato después se hizo un silencio, y me pareció que me miraba con dulzura. Tenía que pensar rápido en una manera de pasar a otro tema para descomprimir y salir del paso, cualquier cosa. Me salvó Maripi al llamarme por teléfono, como le había pedido antes de irme.
Atendí, Luciano hizo en el aire un rulito con la mano, un gesto que interpreté como “después seguimos”, y moví la cabeza para asentir.
Por supuesto, enseguida le conté toda la situación a Maripi casi en un susurro, y ella, que detectó mi nerviosismo y cierta angustia, me dijo: “Si te ponés así, es porque algo te pasa con él, Valen. Sé honesta con tus sentimientos y tus deseos. Yo sé que ahora estás bien con Juan, pero no podés negar que Luciano te atrae. No te cierres a la posibilidad de que te guste otro hombre en tu vida además de tu novio de la adolescencia”. Tenía razón. Con ese planteo mi amiga me demostró que, si bien su cuarto es un caos, en su mente todo parece estar en el lugar correcto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario