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lunes, 8 de mayo de 2017

Capítulo 13

Valentina se entera de un culebrón que le vuela la cabeza. Sabía que Andy, su jefa, la detestaba, pero no contaba con los datos que le revela un compañero de trabajo y que podrían explicar la causa de esa relación tan tirante. 


Andy, mi jefa, llegó a la oficina envuelta en sus propias risotadas. Antes de que entrara, ya se escuchaba el revuelo que estaba armando por las escaleras del viejo edificio de San Telmo donde está la agencia. “Hola, chicosss”, dijo en voz bien alta. Se notaba que había tenido un fin de semana fabuloso, porque de lo contrario no se entendía que tuviera el ánimo así de up un lunes a las 10 de la mañana.
“Ah, contamos con el honor de tener con nosotros a Valentina, ex ‘número dos’, que se mudó de la casa de los papis”, dijo, mirándome. Lo de “número dos” ya había sido un tema de debate: cuando entré a trabajar a la agencia, Andy me dijo que me iba a llamar así, “número dos”, porque ya había otra Valentina en el equipo, y yo sería la segunda. Fue mi otro jefe, Luciano, el que le recordó que “número dos” tiene que ver con el popó y que era ofensivo. Así que acordamos que yo sería Valentina y la otra chica sería Valen. Pero a Andy le encanta rebajarme en público, evidentemente, por eso volvió con el seudónimo ofensivo. ¿Y “casa de los papis”? ¡Por Dios! Solo otra provocación y un pase de facturas porque me había tomado el viernes de franco para mudarme.

SONRISAS FALSAS
Le sonreí, y entre mis dientes quedó apretada la palabra “bitch” que se merecía. Creo que si me hubiera agarrado tos en ese momento, la palabra habría salido volando como un grito para estamparse contra la cara de Andy. 
“Nena, ¿hiciste los llamados que te pedí?”, me preguntó. Ella me había dejado el monitor de la compu lleno de post-its con los números a los que tenía que llamar en cuanto llegara, y yo había cumplido la orden. 
“Sí, llamé a todos, pero era muy temprano para encontrar en sus oficinas a las editoras de revistas con las que tenía que comunicarme. En la mitad de los casos me pidieron que volviera a llamar después del mediodía”, le expliqué. 
“Okay, Valentina. Que ni se te ocurra colgarte con eso. Quiero que todas las editoras vayan al evento del perfume”, respondió.
Cuando estudié Comunicación Social, no pensé que terminaría haciendo llamados a gente de los medios para que fueran a un evento, pero ahí estoy yo, agradecida por tener laburo y, de paso, poder relacionarme con gente de las revistas, los diarios y los canales en los que me gustaría trabajar algún día.

¿Y ESTA NOVELA?
“Hola, Luchito”, Andy saludó a Luciano, y le tiró un beso en el aire. Crucé miradas con Cristian, mi compañero de escritorio. “Qué falsa es Andy. Si es evidente que ella y Luciano se detestan…”, le dije, susurrando, para que nadie nos oyera. 
Cristian se acercó a mí arrastrando su silla con rueditas y me tiró un balde de agua fría: “Lo que pasa es que a vos te faltan algunos capítulos de la novela, Valen. Hace un tiempo, Luciano y Andy eran pareja. Abrieron juntos la agencia cuando iban a casarse. Pero se pelearon y no hubo casamiento. Siguieron siendo socios y tienen una relación de amor-odio muy intensa. Increíble, ¿no?”. 
Yo no podía creer lo que oía. ¿Cómo pude no haberme dado cuenta de lo que pasaba entre Luciano y Andy? ¿Andy me detesta porque notó que Luciano me coquetea? ¿O me trata mal porque no quiere que crezca profesionalmente? 
Le pregunté a Cristian: “¿Hoy te trajiste el tupper o podemos ir a comer al bar del gallego de la esquina? Quiero que me cuentes más sobre la novela de Luciano y Andy”
Mi compañero se rió y me dijo: “Ahora resulta que soy tu Netflix, jajaja. Dale, vamos a comer y te cuento la novela desde el capítulo uno”

Agarré la cartera y salimos juntos a la calle. 

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