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lunes, 8 de mayo de 2017

Capítulo 1

Me asomo a la puerta del baño y grito como si pudiera golpear a mi hermana con las palabras: “¡Te pusiste mi camisa blanca nueva y la dejaste toda manchada!”. Natalia responde con un “¿Quéee?”, como si le estuviera hablando de las auroras boreales o de la cría de pandas en cautiverio. Típico: se manda una y se hace la boba. Pero esta vez pasó de la raya: la camisa blanca es lo único que tengo presentable para ir hoy a una entrevista de trabajo, y ella la usó y la dejó de nuevo colgada en la percha, con el cuello sucio de maquillaje. 
Natalia se abusa porque juega a la hermana menor, aunque solo tenga dos años menos que yo. Compartimos la habitación y eso le da acceso irrestricto a mi lado del placard. No solo usa mi ropa: también la estrena. Eso sí que me pone loca. Si se mete en el papel de “gatita”, me roba mis mejores equipos. Si quiere hacerse la chica cool y se junta con los amigos del novio, le roba las camisetas de fútbol a mi hermano menor, que tiene 16 años y es fanático de todos los equipos europeos. 
Para mí, tener 24 y seguir viviendo en la casa de mis viejos es una desgracia. Pero hasta que no tenga un trabajo estable que no sea de promotora los fines de semana, no puedo pagar un alquiler para mudarme sola. Y con Juan Pablo, aunque estamos de novios desde hace seis años (sí, un montón), ni locos nos iríamos a vivir juntos. Lo adoro, pero no me veo compartiendo una casa con él, apretados todo el santo día en un monoambiente.

“VENGO POR EL AVISO”
Trato de no darme manija, pero espero conseguir el puesto para el que me voy a presentar hoy. Tener un sueldo fijo es mi chance de salir de esta situación insostenible. Necesitan una “periodista con interés en el mundo del espectáculo” y, aunque en el aviso piden a alguien con experiencia, llevando el título de Licenciada en Ciencias de la Comunicación y las tres mejores notas que publiqué en el diario de la facu, voy a estar bien. No creo que se necesite demasiada trayectoria para escribir textos breves sobre Vicky Xipolitakis o los pibes de Gran Hermano.
Ahora el problema está en qué me pongo. Descartada la camisa, me voy a meter una remera de AC/DC y una campera de cuero. El look no es muy ejecutivo que digamos, pero tiene altísima onda. En cuanto a Natalia, la mato a la vuelta de mi cita de trabajo, así no llego a la entrevista con las manos manchadas de sangre, je.

HOLA, FUTURO JEFE
Toco el timbre en una puerta vieja del barrio de San Telmo y me anuncio por el portero eléctrico: “Tengo una reunión con Luciano Goity”. Me abren y en la cima de la escalera me espera un tipo de unos 30 años, con el pelo despeinado a propósito y ojos grises, vestido con chupines, ¡y una remera igual a la mía! “Hola, soy Luciano. Empezamos bien: tenemos el mismo gusto”, me dice, extendiéndome la mano. Me hace pasar y me doy cuenta de que se quedó detrás de mí para mirarme la cola. ¿Voy a tener un jefe así de atrevido? Danger: Luciano no está nada mal.

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