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lunes, 8 de mayo de 2017

Capítulo 5

El bautismo de fuego en un empleo nuevo puede ser duro, y Valentina da fe de eso. Pero un par de humillaciones y metidas de pata en la oficina no alcanzan para tirarla abajo. Además, Juan aparece para rescatarla a ella... ¡y a la relación!


El primer día de trabajo transcurrió entre presentaciones de compañeros de oficina, comunicación de las normas dentro de la agencia (desde cómo poner a funcionar la máquina del café hasta cómo pedir los taxis, estos pibes son terriblemente burocráticos) y el listado de las tareas que voy a tener que hacer por ahora. Hubo algunos momentos incómodos, como la presentación en medio de la oficina, a cargo de Andy, una de mis jefas. “Esta es Valentina, la nueva. Como ya tenemos una Valentina en el equipo, propongo llamarla ‘número dos’”, dijo. Luciano, mi otro jefe, saltó enseguida: “Andy, ‘número dos’ es lo que se dice para ir al baño. Me parece una idea poco feliz”. En los ojos de ella brilló un rayo de la muerte que iba indudablemente dirigido a Luciano, mi salvador. ¿En qué cabeza cabe llamar a alguien “número dos”? Es recontraofensivo. “A mí siempre me llamaron ‘Valen’. A ella díganle ‘Valentina’ y va a estar perfecto”, intervino mi tocaya, que está en la parte administrativa.
Otro momento incómodo fue cuando me ofrecí a preparar café y puse mal las cápsulas. Parece que son carísimas y yo arruiné cuatro. Listo, ya aprendí. No volverá a pasar. Ahí fue cuando me contaron lo de las normas dentro de la agencia y todo ese bla bla bla.

INTERNAS CALIENTES
A mitad de la tarde, Cristian, mi compañero de escritorio, me interrogó: “¿Ya te diste cuenta de cómo son las cosas? Andy y Luciano son muy distintos, salvo por un detalle: los dos son ambiciosos. Andy compite con las minas y se hace la sexy con los pibes. Luciano juega al amigo con todos, pero solo le interesa que cuidemos a los clientes porque de eso depende el plus que le pagan ellos a fin de mes. Ganan fortunas”, me contó en voz baja, en un momento en que todos alrededor habían salido al balcón a fumar.

SALVEN A VALENTINA
Mi primera misión es comunicar el lanzamiento de un nuevo sabor de pegamento de dentaduras postizas. Obvio, la idea de darme ese bautismo de fuego fue de... ¡Andy! 
“Ofreceles el material directamente a las directoras de las revistas femeninas y a los editores de las secciones de salud de los diarios. Mandá e-mails y llamá para confirmar que los hayan recibido”, me indicó. Salvo por la directora de una revista que no tiene secretaria, mis llamados murieron en intermediarios que prometían pasarles el mensaje a sus jefes. La directora que me atendió personalmente se burló de mí: “¿No sabés que esta es una revista para adolescentes? ¿Cómo se te ocurre que voy a meter en una nota un adhesivo para dentaduras?”. Me disculpé y corrí al baño, muerta de vergüenza. Me crucé con Andy. “¿Todo bien?”, me preguntó. Levanté un pulgar en señal afirmativa y le sonreí. 

El día se me hizo larguísimo y, cuando finalmente Juampi pasó a buscarme, sentí cierto alivio por salir de ahí y volver a mi mundo. Me abrazó y me besó con fuerza. “¿Y ese perfume?”, le pregunté. “Es el que me regalaste el año pasado para mi cumpleaños”, dijo, y propuso que fuéramos a comer y luego a su casa aprovechando que sus viejos no estaban, para festejar mi primer día de trabajo. Mi festejo secreto era otro: Juan no solo había estrenado el perfume: tenía una actitud seductora que también era nueva. Fue nuestra noche más apasionada en mucho tiempo. ¡Alegría! 

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